Relato Breve
Es como un raso o un terciopelo rojo. La llama que dejó tu beso cuando cayó un poco en mi mejilla, un poco en mi cuello…Lentamente rueda el calor de tu caricia en la espalda de otro abrazo, sutil e imperceptible para quien ajeno, candente, arrasador para quien acepta.
Nace desde el fondo, desde el interior más profundo y enmohecido, el romance que se alza efervescente como el magma, tremendo, aterrador, y a la vez totalmente temeroso de pasiones ahogadas por un tiempo remoto.
Profana mano que se posa en el punto exacto. Incendio de bosques que yacían dormidos soñando primaveras…sus ramas yermas se estremecen porque aun están vivas y laten desde el fondo de su corazón-madera. Arden. Se entregan hipnotizadas al vaivén ardiente de las llamas, tus manos-llamas que transforman toda esa pasión dormida mas no muerta de sus entrañas.
Tu perfume verde humo me ahoga y arremolina los recuerdos, otra vez, tu cara en mi cara y siempre mis raíces que no me dejan escapar del vaivén de tus efluvios azarosos.
Me llevas como Céfiro a Psiquis con los ojos vendados para no sospeche el precipicio al que lentamente y de espaldas…, de donde jamás podré volver.
Caminas, avanzas, me tomas desprevenida, más giro y ahí lo veo, en el espejo de tus pupilas profundas y negras…
Eres tu el esclavo de la pasión, del fuego que intentas en mí, la rendición de tu espíritu al amor perdido te amarra a un sentimiento mas que mis raíces al recuerdo.
Las manos de fuego que me hacen tuya durante un instante y luego, se van como el humo, como el aroma de tu piel, no son mas que el desesperado estertor de quien va a morir. Y tu muerte es la que llega cada vez que termina el ultimo acorde, del ultimo tango de ésta noche.
Y mi corazón roto, tantas veces incendiado, como un Fénix, se sacude las cenizas de este amor loco de tres minutos y se va a retocar el maquillaje, a ver que vientos encienden el fuego del bosque dormido en la próxima tanda.
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