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Mostrando entradas de enero, 2022

III

Debajo de la cama la eternidad se auto devora con una mueca de angurria veloz. Un dios finito gris y destartalado desteje un tiempo plagado de ayeres. Cada tanto anuda un mañana para que no se escape. Acá, en esta balsa de telas, me dejo llevar por la incierta marea. Hoy si, mañana no. Hoy no, ayer si. Lo único que sé es que estoy sola en medio de la noche, y mi única guía es el tic tac de una estrella geométrica atrapada dentro del reloj. Hoy moriré, quizás no… Y la mano que cuelga de mi barca, dibuja estelas rojas en la eternidad. Mañana no estaré, o quizás si. La vida es un suspiro y la noche…la noche es para siempre.

5 de enero de 2017

Son las 6 de la mañana. Cierro la puerta dejando atrás mi trabajo y miro con recelo para todos lados porque si bien es de día, Parque Centenario me ha demostrado que no es un territorio confiable. La gente saludable corre en círculos alrededor del parque. Algunos desde temprano, ya sudados, otros recién arrancando poniéndole musiquita a la mañana. Atrás cerquita viene un cana. Me camina cerca. Lo miro de reojo para que entienda que cana o no no le tengo miedo. Ralentiza el paso y sigue. Es hombre pero no es tonto. Me estaciono en la parada de culata al cartel para que nada escape a mi visión. Lo malo de ser mujer que valiente o no, aguerrida o no, siempre terminas andando con miedo por la calle. Sujetando el puño o un cuchillo en la cartera. Pero nunca con la guardia baja. El sol ya asoma de arriba de los árboles y pinta de amarillo la mañana. Miro el cielo azul. Siento el vientito, la frescura de ese pulmon en medio de la ciudad gris. Pienso en algún amor...Me distraigo un instante. D...