II
Hubo un día en que el tiempo se detuvo, y como en un caleidoscopio de colores, los momentos que retuvimos para un mañana se dispersaron llenos de desconcierto por la ciudad. Algunos escaparon para nunca más volver. Otros se dejaron alcanzar por corrientes cálidas y ascendieron al cielo como plumas hacia el sol. Los miedos, más lentos, quedaron atrapados en algunos corazones. Comprendimos el valor de un presente subestimado hasta entonces, que vivimos en la última vez posible para todo. Que el amor es el otro. Que el beso no se demora y que el abrazo nunca mas deberá ser postergado.